Podría hablar del dolor, de la impotencia, de la rabia. Podría analizar cada movimiento dado, cada palabra no dicha, cada gesto sobrado. Podría repasar mentalmente todos y cada uno de los instantes que nos llevan a donde hoy se marcan nuestros pasos. Podría llorar, si, podría llorar todo el tiempo. Podría intentar responder algo que ni es lógico preguntar. Podría buscarle el sentido a algo que ya no tiene cabida. Podría...
Pero no quiero.
Que hay que amar. Amar con locura. Y no solo a otra u otras personas. Amarte a ti, a lo que eres, a lo que representas. Amor hacia un recuerdo, hacia una gota de lluvia que te riza el pelo. Amor por todo lo que tiene lógica y por todo lo que no. Esa clase de amor que es loco, incoherente, destartalado. Amor que nunca se ha visto en una película. Amor pasional, ya te abrume o te deje embelesado.
Que hay que gritar. A pleno pulmón. Con todas tus fuerzas. Gritar por todo o gritar por nada. Rugir con un sonido lo que no alcanzas a decir con la escasa fuerza de tus palabras. Hay que gritarle al mundo para sanar el caos que tienes dentro. Que hay que, al menos una vez, hacer sonar tu voz, por encima de la del resto
Que hay que reír. Por todo y por nada. Desde la timidez de una sonrisa de media luna a la sonora carcajada. Reír sin más. Reírte de ti. Reírte de ellos. Reírte de las chorradas que hablan. Que las arrugas que cubran tu rostro sean el reflejo de aquellas sonrisas que te iluminaban la cara.
Que hay que comerse un helado el primer y último día del verano. Que hay que ser rechazado al menos una vez y otra ser tú el que de el palo. Que hay que aprender a tirarse de cabeza. Que hay que perder la cuenta de las copas alguna nochevieja. Que hay que encontrar quien te lleve al baile. Que hay que al menos un día odiar al mundo y que no te caiga bien nadie. Que hay que dar un primer beso. Que hay que dar todo tu cuerpo. Que hay que copiar en un examen. Que hay que perder el norte, el sur, las llaves y hasta un zapato. Que hay que mirar hacia delante. Que hay que tener en cuenta el pasado. Que hay que equivocarse más de lo esperado. Que hay que errar pues eso te hace humano. Que hay que sentir. Que hay que llorar. Que hay que empacharse. Que hay que dormir. Que hay que amar. En definitiva... Que hay que vivir.
Y si puedes, vivirlo todo.
miércoles, 13 de junio de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
CAUSE TRUMPS LIKE US WERE BORN TO RUN
Standing together we were badass, on any given night, on our turf, some of the baddest on the planet. We were united, we were strong, we were righteous, we were unmovable, we were funny, we were corny as hell and as serious as death itself. And we were coming to your town to shake you and to wake you up. Together we told an older, richer story about the possibilities of friendship that transcended those I'd written in my songs and my music. Clarence carried it in his heart. It was a story where the scooter and the big man not only busted the city in half, but we kicked ass and remade the city, shaping it into the kind of place where our friendship would not be such anomaly.
...I'll miss my friend, his sax, and the force of nature that was his sound. But his love and his story -the story that he gave to me, that he whispered in my ear, and that he gave to you- it's going to carry on.
Clarence was big and he made me feel, think, love, and dream big. How big was the big man? Too fucking big to die. You can put it on his gravestone, you can tattoo it over your heart.
Clarence doesn't leave the E Street Band when he dies. He leaves when we die.
Dedicado a mi compañero de batallas, mi enemigo en otras tantas, mi cómplice en más de un secreto, mi abrigo de más cuando tiemblo de frío, mis noches de insomnio, mi hombro sobre el que apoyarme aun cuando me niego a ello, ese que soporta mi obsesión musical, el que me enseña, también el que quiere aprender, mi café para dos, en definitiva y por encima de cualquier cosa... mi mejor amigo. Porque algún día podremos contar una historia parecida a la aquí narrada, con una carretera, un coche destartalado y muchas aventuras de por medio. Y espero que de fondo, en cada uno de nuestros buenos ratos, Springsteen sea la banda sonora de todos ellos. No se me ocurre mejor persona con la que vivirlo. Y se que no será de otro modo.
Two steps for hell
La teoría de la correlación de Orión nos cuenta la extraña coincidencia que se produce entre las tres pirámides de Guiza cuya alineación es exacta al cinturón de Orión. Y como toda teoría, tiene sus críticas, pues pasado un tiempo se inició el debate sobre si esa alineación era exacta o difería en ángulo de forma tan leve que casi fuese imperceptible. Una cosa es clara, 2 de esos 3 puntos en discordia si estaban alineados. Y es que, por todos es sabido que, para trazar una línea recta, como mínimo necesitamos 2 puntos, el de partida y el final. Lo que me lleva a una curiosa teoría: el número 1 no tiene cabida en este mundo.
Ortega y Gasset dedicó todo un libro al estudio del término "sociedad" qué implicaba ser un animal social y qué era exactamente ese término al que aparentemente todo le debíamos. Dejaba claro que primero estaba la conciencia del "ser" es decir, mirarnos a un espejo y ser capaz de reconocernos a nosotros mismos. Pero para eso ya era necesario el reflejo del espejo, o la piedra que me permite diferenciarme de ella. Y es entonces cuando entra en juego el "otro". Ese con el que vamos a compararnos desde que tenemos conciencia de su existencia en adelante. Ese que permitirá que interactuemos con él. Ese que, junto a mi, dará pie al "nos" y posteriormente a la sociedad. Porque para llegar a ésta es necesario el 1, pero son imprescindibles 2.
Cuando naces, eres de tu madre y no solo por una cuestión de pertenencia si no de dependencia. A medida que vas creciendo irás suplantando esa necesidad ajena por otras nuevas que te irán surgiendo. Te quitarán el chupete y serás al muñeco y así sucesivamente... hasta que te presentan al mundo. Ya sea en la guardería o en el colegio ya nunca más serás uno solo. Y si lo eres estarás incompleto. Aquí nace el término favorito de los niños (de algunos a día de hoy lo sigue siendo): "Mejor Amigo". El M.A será tu identidad, lo que dirá quién eres respecto a los demás. Merendaréis juntos, dormiréis juntos, pasaréis los recreos juntos y si, puede que en todas esas actividades seáis más de dos personas, pero a la hora de una excursión, al pensar en los 2 asientos, sabrás de sobra quién es tu compañero. Y funcionará como con la teoría del chupete, unos irán y otros vendrán. Normalmente cambiarás de M.A. cada curso (si no es cada semana) pero siempre con el alma gemela en el asiento de al lado.
Pero por desgracia creces. Y es ahí cuando empezarás a escuchar, como si de una leyenda se tratase, mil y una historias sobre la M.N. (Media Naranja). Y la habrás cagado. Porque consciente o no todos tus sentidos irán a la caza día tras día buscando eso que alguien un día dijo que nos completaba. Ya no querrás estar solo. Empezará con el primer beso y terminará...quién sabe dónde terminará. Y caerás, no una, si no 2000 veces. Y es ahí cuando empezarás a escuchar otra gran leyenda, la del "Yo solo me basto y me sobro". Adiós a tu madre, al chupete, al M.A, al M.N y a la madre de todos ellos. Algo que resumirás brillantemente con 2 letras escarlata en tu frente que marquen F.A (forever alone). Una lástima que hasta para eso hagan falta 2 siglas.
Hasta que caes en la cuenta. Que una película en el cine se disfruta mejor con palomitas para 2. Que un coche puede tener 5 plazas pero como piloto siempre querrás un copiloto a tu lado cantando a pleno pulmón. Que las barcas del Retiro se reman difícilmente en solitario. Que toda tu teoría necesita una crítica. Que las camas individuales son más incomodas que las matrimoniales y estas últimas fueron pensadas para el dúo. Que los taxis salen más baratos si se pagan a "pachas". Que Adán necesitó una Eva, Sherlock un Watson, el Ying su Yang, la guerra su rival....y que después de todo, sentarte en la mesa de las parejas en una boda, de la mano de alguien, puede que no esté tan mal.
Ortega y Gasset dedicó todo un libro al estudio del término "sociedad" qué implicaba ser un animal social y qué era exactamente ese término al que aparentemente todo le debíamos. Dejaba claro que primero estaba la conciencia del "ser" es decir, mirarnos a un espejo y ser capaz de reconocernos a nosotros mismos. Pero para eso ya era necesario el reflejo del espejo, o la piedra que me permite diferenciarme de ella. Y es entonces cuando entra en juego el "otro". Ese con el que vamos a compararnos desde que tenemos conciencia de su existencia en adelante. Ese que permitirá que interactuemos con él. Ese que, junto a mi, dará pie al "nos" y posteriormente a la sociedad. Porque para llegar a ésta es necesario el 1, pero son imprescindibles 2.
Cuando naces, eres de tu madre y no solo por una cuestión de pertenencia si no de dependencia. A medida que vas creciendo irás suplantando esa necesidad ajena por otras nuevas que te irán surgiendo. Te quitarán el chupete y serás al muñeco y así sucesivamente... hasta que te presentan al mundo. Ya sea en la guardería o en el colegio ya nunca más serás uno solo. Y si lo eres estarás incompleto. Aquí nace el término favorito de los niños (de algunos a día de hoy lo sigue siendo): "Mejor Amigo". El M.A será tu identidad, lo que dirá quién eres respecto a los demás. Merendaréis juntos, dormiréis juntos, pasaréis los recreos juntos y si, puede que en todas esas actividades seáis más de dos personas, pero a la hora de una excursión, al pensar en los 2 asientos, sabrás de sobra quién es tu compañero. Y funcionará como con la teoría del chupete, unos irán y otros vendrán. Normalmente cambiarás de M.A. cada curso (si no es cada semana) pero siempre con el alma gemela en el asiento de al lado.
Pero por desgracia creces. Y es ahí cuando empezarás a escuchar, como si de una leyenda se tratase, mil y una historias sobre la M.N. (Media Naranja). Y la habrás cagado. Porque consciente o no todos tus sentidos irán a la caza día tras día buscando eso que alguien un día dijo que nos completaba. Ya no querrás estar solo. Empezará con el primer beso y terminará...quién sabe dónde terminará. Y caerás, no una, si no 2000 veces. Y es ahí cuando empezarás a escuchar otra gran leyenda, la del "Yo solo me basto y me sobro". Adiós a tu madre, al chupete, al M.A, al M.N y a la madre de todos ellos. Algo que resumirás brillantemente con 2 letras escarlata en tu frente que marquen F.A (forever alone). Una lástima que hasta para eso hagan falta 2 siglas.
Hasta que caes en la cuenta. Que una película en el cine se disfruta mejor con palomitas para 2. Que un coche puede tener 5 plazas pero como piloto siempre querrás un copiloto a tu lado cantando a pleno pulmón. Que las barcas del Retiro se reman difícilmente en solitario. Que toda tu teoría necesita una crítica. Que las camas individuales son más incomodas que las matrimoniales y estas últimas fueron pensadas para el dúo. Que los taxis salen más baratos si se pagan a "pachas". Que Adán necesitó una Eva, Sherlock un Watson, el Ying su Yang, la guerra su rival....y que después de todo, sentarte en la mesa de las parejas en una boda, de la mano de alguien, puede que no esté tan mal.
martes, 17 de abril de 2012
TELL ME WHY
Todo empezó con un por qué. Podemos llamarlo curiosidad, inquietud humana, ansia de conocimiento... o si lo preferís, paso del mito al logos. Y desde entonces no hemos parado de hacernos preguntas sobre todo lo que no rodea y lo que no. Por qué tiene esa cara, qué le ha llevado a ponerse esos zapatos, se puede saber dónde le han dicho que saliese así a la calle..? O cosas más trascendentes.
No sólo queremos saber. Llegamos a querer saber por qué pensamos que deberíamos plantearnos la remota pero a la vez existente posibilidad de tener que saberlo. Saberlo todo. Entenderlo todo. No pueden haber cabos sueltos, todo tiene que estar perfectamente atado de pies y manos. Y no sólo eso, si no que debe hacerlo con un nudo Windsor.
Pero hay días, y sobre todo preguntas, de los que tenemos el qué, tenemos dónde, cómo, cuándo, quién/quiénes... y seguimos sin tener nada únicamente porque no logramos responder al por qué. Todo lujo de detalles resultan ser nimiedades en comparación a la gran pregunta que muchas veces no somos capaces de responder, y que muchas otras, alguien es incapaz de respondernos. La gran pregunta capaz de cambiarlo todo.
Tal vez haya preguntas de las que es mejor desconocer la respuesta. Sólo por si acaso. Tal vez no sea lo que estamos preparados para escuchar, o lo que esperábamos. Tal vez. O quizás esa pregunta en blanco no deje de perseguirnos en busca de algo más. Si. En busca de ser resuelta.
Y mientras, solo queda permanecer sentado en la sala de espera de la verdad. Buscando la cura a la incomprensión. Como diría Sócrates, solo sé que no sé nada.
No sólo queremos saber. Llegamos a querer saber por qué pensamos que deberíamos plantearnos la remota pero a la vez existente posibilidad de tener que saberlo. Saberlo todo. Entenderlo todo. No pueden haber cabos sueltos, todo tiene que estar perfectamente atado de pies y manos. Y no sólo eso, si no que debe hacerlo con un nudo Windsor.
Pero hay días, y sobre todo preguntas, de los que tenemos el qué, tenemos dónde, cómo, cuándo, quién/quiénes... y seguimos sin tener nada únicamente porque no logramos responder al por qué. Todo lujo de detalles resultan ser nimiedades en comparación a la gran pregunta que muchas veces no somos capaces de responder, y que muchas otras, alguien es incapaz de respondernos. La gran pregunta capaz de cambiarlo todo.
Tal vez haya preguntas de las que es mejor desconocer la respuesta. Sólo por si acaso. Tal vez no sea lo que estamos preparados para escuchar, o lo que esperábamos. Tal vez. O quizás esa pregunta en blanco no deje de perseguirnos en busca de algo más. Si. En busca de ser resuelta.
Y mientras, solo queda permanecer sentado en la sala de espera de la verdad. Buscando la cura a la incomprensión. Como diría Sócrates, solo sé que no sé nada.
jueves, 22 de marzo de 2012
To escape from this no past land.
Era uno de esos días de lluvia. Pero no una lluvia cualquiera, era de esa clase que te cala los huesos. Y la ropa. Pero eso era culpa del paraguas, que había decidido quedarse en casa, debajo del desorden. O quizás era de ella por negarse a los abrigos. Para ella ya era primavera, aunque el tiempo no dijese lo mismo. Era pura cabezonería. Su madre siempre dijo que le vendería a cualquiera hielo en Alaska si se lo propusiese. Puede que si. Pero ahora solo prestaba atención a la suela de aquellas Converse tan desgastadas. Su madre también decía algo de esas viejas zapatillas. Parecía que Madrid entero se había fundido. Pero qué bonita era aquella ciudad bajo la lluvia, tenía un encanto especial. Lo suyo era amor ciego, un romance con la Gran Vía. El ruido de la lluvia sonaba a una canción de Oasis. Empezaba a notar como el maquillaje se derretía por sus mejillas. Cómo el agua deshacía ese alisado que tanto rato le había llevado conseguir. Y tras varios kilómetros y un par de canciones comenzó a sentirse libre. Más de uno se giraba al verla pasar. Tenía un aspecto realmente caótico. Los rizos se deslizaban por su cuello al igual que los últimos restos de su máscara. Era esa clase de lluvia que te cala los huesos. Se detuvo frente a un escaparate y observó su reflejo. De sus bolsillos intuyó un cigarro que fue directo a sus labios y, tras encenderlo, le metió una calada por cada error. Exhaló el humo. De golpe, una media sonrisa se le escapó entre calada y calada. Estaba viva.
martes, 20 de marzo de 2012
lunes, 19 de marzo de 2012
Same old song.
Es increíble como de golpe y porrazo la vida te demuestra una vez más que no se anda con tonterías. Que cualquier instante es el último y que está dispuesta a demostrártelo estés preparado o no. Afortunadamente el hecho de estar aquí y ahora escribiendo esto es la demostración más palpable de no haberlo vivido en carne propia. Aun así, no se me olvida.
Todos lo hemos oído en más de una ocasión. Yo misma he escrito sobre ello en más de dos. Que si carpe diem que si vivere memento... cientos y cientos de citas en latín, de proverbios chinos, de frases de película que nos instan a vivir el momento. A no desaprovechar las oportunidades. Y sobre todo, a intentar no haber vivido en vano.
Porque sí, porque a todos nos aterra la idea de no ser eternos. Al menos no físicamente. Pero es algo que asumimos, que, por ahora (nunca digas nunca), es inevitable. Sin embargo existe la posibilidad de dejar huella. El cielo podrá existir para unos si y para otros no, al igual que la posibilidad de acabar reencarnado en hormiga o en el Dalai Lama según la manera de haber llevado tu efímera existencia. Pero hay algo en lo que todos creemos, en que alguien nos eche de menos llegado el momento. La eternidad reflejada en la mente de otra persona.
Quizás eso sea lo único que nos termina diferenciando. Creo en la igualdad, creo que, independientemente de nuestra forma de vida, a todos nos depara el mismo final; antes o después. Pero es cierto que no todos los finales por el hecho de serlo son iguales. La película puede acabar entre aplausos o con absoluta indiferencia, incluso puede que gane un Óscar si ha sido especialmente buena.
Parece obvio, parece una tontería. Es cierto que en líneas generales casi todo el mundo se lleva consigo al menos un "adiós", una lágrima o una sonrisa amiga. Pero existen muchas otras personas de las que nadie sabe ni su final. Son cifras, son estadísticas policiales o como decía Kansas "polvo en el viento". Para unos cuantos, la vida de otro no vale un centavo.
Por eso hoy escribo esto. Porque, como dice una frase de un libro, mucha gente se va "de la peor de las maneras, sin una oración, sin una flor..." Va por todos ellos.
Todos lo hemos oído en más de una ocasión. Yo misma he escrito sobre ello en más de dos. Que si carpe diem que si vivere memento... cientos y cientos de citas en latín, de proverbios chinos, de frases de película que nos instan a vivir el momento. A no desaprovechar las oportunidades. Y sobre todo, a intentar no haber vivido en vano.
Porque sí, porque a todos nos aterra la idea de no ser eternos. Al menos no físicamente. Pero es algo que asumimos, que, por ahora (nunca digas nunca), es inevitable. Sin embargo existe la posibilidad de dejar huella. El cielo podrá existir para unos si y para otros no, al igual que la posibilidad de acabar reencarnado en hormiga o en el Dalai Lama según la manera de haber llevado tu efímera existencia. Pero hay algo en lo que todos creemos, en que alguien nos eche de menos llegado el momento. La eternidad reflejada en la mente de otra persona.
Quizás eso sea lo único que nos termina diferenciando. Creo en la igualdad, creo que, independientemente de nuestra forma de vida, a todos nos depara el mismo final; antes o después. Pero es cierto que no todos los finales por el hecho de serlo son iguales. La película puede acabar entre aplausos o con absoluta indiferencia, incluso puede que gane un Óscar si ha sido especialmente buena.
Parece obvio, parece una tontería. Es cierto que en líneas generales casi todo el mundo se lleva consigo al menos un "adiós", una lágrima o una sonrisa amiga. Pero existen muchas otras personas de las que nadie sabe ni su final. Son cifras, son estadísticas policiales o como decía Kansas "polvo en el viento". Para unos cuantos, la vida de otro no vale un centavo.
Por eso hoy escribo esto. Porque, como dice una frase de un libro, mucha gente se va "de la peor de las maneras, sin una oración, sin una flor..." Va por todos ellos.
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